Covid-19: Arcoiris de opiniones

Covid-19: Arcoiris de opiniones

Por Jesús Bedolla Nava

Antes de la presencia del primer caso de Covid-19 en Apatzingán, flotaba en el ambiente un halo social de inmunidad, pues los medios reportaban todos los días “creo casos”, mientras Lázaro Cárdenas y Morelia se impregnaban de infectados.
Había en esos momentos quienes festejaban un día sí y otro también, el hecho de que el Coronavirus “nos ls pelara” e incluso existía la creencia de que la proteína convertida en enfermedad no podía entrar a la región porque no soportaba temperaturas por encima de los 26 grados Celsius, y nosotros, ufanos, crecidos y engreídos, presumíamos de hasta 40 grados en la escala del termómetro, a manera de ejemplificar nuestra natural defensa contra la pandemia mundial.
Era una especie no confirmada, pero, a conveniencia, la dábamos como una realidad. Nos convenía pensar así. Nos acomodaba creerlo de esa manera: todo era válido para poner resistencia a las recomendaciones de las autoridades de salud, que ya comenzaban a recomendar aislamiento voluntario, uso de cubrebocas, lavado constante de manos y otras medidas personales de seguridad.
“Ingenuos -dijo el funcionario.municipal Martín Quiroz- el Coronavirus no llegará a Apatzingán, porque es una región con temperaturas por encima de los 26 grados”.
No pasaron dos horas, cuando el Jefe de la Séptima Jurisdicción Sanitaria, médico Noé Jaimes Plascencia, descartaría en rueda de prensa esa posibilidad: “el virus es adaptable a todas las temperaturas a las que se adapta el ser humano. Acaso en esta zona geográfica podría durar menos tiempo activo en superficies expuesta al sol directo, pero el suficiente para contagiar a las personas”.
Vino el primer caso confirmado oficialmente como Covid-19. Una mujer proveniente de Stockton, California, cuya residencia en la localidad se asienta en la colonia Ignacio Zaragoza. Sus familiares negaban que estuviera enferma de Covid-19 y alegaban neumonía -tal vez no sabían que el Coronavirus cuando agraba al paciente lo hace a través de una neumonía-, mientras los médicos aseguraban estudio en mano la presencia de ese mal en la mujer.
Allí comenzó todo: unos ciudadanos preocupados por conocer el registro del primer caso en la ciudad, mientras, quienes consideraban tener “un Apatzingán invulnerable”, cambiaron de opinión, pero no el sentido de su percepción: “es un invento del gobierno. El Coronavirus no existe”, dijeron ahora, para justificar su rebeldía y exposición al contagio.
Otros con un mayor grado de peligrosa ignorancia, alegan que “el gobierno mismo inyecta el virus en las clínicas” o que “lo esparce en las calles para enfermar a la gente”, incluso que a los pacientes de cualquier enfermedad se les suministra en los hospitales, en alguna forma “.
La ignorancia de estas personas estriba en que el Coronavirus es una proteína, no un organismo; digamos que es una partícula microscópica de polvo que puede inhalar un individuo al momento que otro la expele vía respiración, tos o estornudos, o bien la transmite vía saludo, abrazo o beso, o, incluso, si la deja en alguna superficie expuesta a que otra persona la toque.
En todos los casos para que haya contagio, las partículas deben alojarse por boca, nariz u ojos, bien sea directamente -persona a persona- o indirectamente, cómo cuando el individuo las contraen de superficies de uso común, o bien las recibe por saludos, abrazos o besos y se las lleva a zona corporal de contagio, mediante reflejos involuntarios como tallarse el rostro con las manos.
Las personas asíduas al video eligen todos los que plantean la falsedad de la enfermedad, y desechan e incluso denostan aquellos que testimonian hasta con argumentos médicos la existencia.
Entre los incrédulos son altamente exitosos los materiales en redes sociales con supuestos y versiones personales de enfermos y sus familiares, pero sin presentar pruebas médicas de cuánto dicen: “llegó con una gripe y dijeron que era Coronavirus”; “sólo traía tos y luego, luego, le dijeron que era Coronavirus”; “nomás por un dolor de cabeza, le dijeron que era Coronavirus” y, sabe usted una cosa, todo eso puede ser Covid-19, con cierto grado de contención, según la fortaleza del sistema inmunológico del paciente.
El colmo es cuando alguien testimonia: “llegó por neumonía y los médicos le dijeron que era Coronavirus”.
Y de un caso hace un mes aproximadamente, ahora estamos en 41 y contando.
Todos los anteriores han sido argumentos para quienes se empeñan decir que no creen.
Refleja todo lo anterior cuan complicados somos los seres humanos.
La distancia más cercana entre dos puntos es la línea recta, nos enseñaron en la escuela en clases de geometría o de trigonometria y ese concepto es aplicable en este tema, pues la distancia más cercana entre el problema y la solución es simple: la autoprotección.
La distancia más alejada, es todo el arcoiris de opiniones o posturas ya explicadas.