Línea Privada

Línea Privada

Por Jesús Bedolla Nava

El Covid-19 abre un compás de excepción en la sociedad mexicana, cuyas familias, principalmente las alineadas en la.pobreza, requieren de apoyos en alimentos y servicios que les permitan sujetarse a una cuarentena con menores sobresaltos a los previstos en caso de que nada más se encierren y queden a expensas del hambre y las carencias.
México es de los pocos países en los que el gobierno, en este caso el encabezado de Andrés Manuel López Obrador, ha anunciado de todo para combatir la pandemia: Medidas preventivas, lecciones para auto-diagnosticar el famoso Coronavirus, información sobrada de la estadística de casos al día, pero también apoyo con “tandas” de seis mil pesos a los pequeñísimos emprendedores y créditos de 25 mil pesos a quienes cotizan a sus trabajadores en el Seguro Social.
Sin embargo, para el simple trabajador, para ese que sale todos los días en busca del sustento familiar, no hay nada. Sólo recomendaciones de autoprotección, pero no hay nada para comer o para generarle relativa tranquilidad durante un encierro de quince días o más..
El gobierno de El Salvador, un país centroamericano con elevado nivel general de pobreza, mucho más pobre que México, para ser más precisos, anunció hace más de tres meses medidas emergentes para proteger a sus habitantes durante la pandemia, aparejadas con las instrucciones de autoprotección a la salud.
En su momento el mandatario Nayib Bukele explicó que para poder comprar alimentos y medicinas durante el periodo de aislamiento completo, su gobierno realizaría una transferencia de 300 dólares a un 75 por ciento de la población, mientras que el otro 25 por ciento seguiría con su salario.
Anuncio el pago con cargo al gibierno del consumo de energía.eléctrica de los salvadoreños; la suspensión de pago de créditos, hipotecas e intereses a los bancos, durante tres meses, ello en beneficio de las familias endeudadas de ese país en cuarentena.
El gobierno mexicano de Andrés Manuel López Obrador apoyó algunos meses antes al gobierno salvadoreño de Nayib Bukele con 30 millones de dólares, indicativo de una presumible superioridad del país azteca por sobre el centroamericano, pero ese criterio no aplica en beneficio de los mexicanos que venden su fuerza de trabajo o capacidad intelectual a cambio de un salario básico que no les permite resguardarse para romper la cadena de contagios.
A partir de allí resulta ocioso difundir hasta el enfado anuncios que invitan a los ciudadanos a refundirse en sus casas.
Infructuoso resulta el trabajo de actores, cantantes y otros artistas que desde la opulemcia de sus casas, desde sus gimnasios particulares o desde sus lujosas cocinas, se graban para difundir el confinamiento en casa como solución al problema se salud porque, visto está, que ellos, desde la suya tlaboran, mientras que Juan Pueblo nomás tiene dos alternativas para subsistir: salir a trabajar con la posibilidad de enfermar y, posiblemente, morir de Coronavirus, o somerse al encierro para, también posiblemente, enfermar y morir de hambre.
Sin embargo, si concedemos que es necesario salir a trabajar para ganar el sustento del día o la semana siguiente, se deben tomar la medidas de protección a la salud. Aún dentro de la duda sobre la existencia del Covid-19, es absolutamente recomendable protegerse al máximo para tratar de evitar el contagio.
Por otro lado, veamos: el gobierno del estado de Michoacán, encabezado por Silvano Aureoles Conejo, dio banderazo hace quince días para la entrega de despensas a las familias persuadirlas a que se queden en casa.
Dos problemas enfrentaron de inmediato los posibles beneficiarios del programa: uno, registrase en línea, cuando los más pobres difícilmente tienen acceso al internet; dos, llegar por cualquier otro conducto a los paquetes alimentarios.
Definitivamente en la región del Valle de Apatzingán no se ha visto distribución de despensa alguna, pese a que el responsable del gobierno estatal en la región, Marco Antonio González Mendoza, asegura que ya se distribuyeron e incluso prometió a algunos medios de comunicación fotos de la entrega a algunos de los beneficiarios. A cinco días de la promesa, no han llegado dichas fotos.