Política en Línea

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Por Jesús Bedolla Nava

El partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) cosechó sendas derrotas en los estados de Coahuila e Hidalgo apenas el domingo 18 de octubre. En el norteño estado Morena no ganó un sólo distrito electoral de los 16 en que se divide la entidad, y en Hidalgo se quedó con ganas de ganar en el 20 por ciento de los 84 municipios al obtener sólo seis victorias y colocarse como tercera fuerza política en el estado.
La cosecha electoral fue sumamente baja, casi insignificante, si tomamos en cuenta que de cien espacios en disputa (84 municipios y 16 distritos) solamente ganó en seis demarcaciones municipales, así que Morena recibió un contundente revés, no obstante que no estuvo mucho en juego en la geografía política de México.
Los resultados causaron sorpresa en quienes tienen una visión corta de la realidad política de ese partido encumbrado al poder en el país, pues han confundido reiteradamente las simpatías hacia el presidente Andrés Manuel López Obrador, con militancia partidista, y en la práctica electoral son dos cosas totalmente diferentes.
Igual que la mayoria de los candidatos a cargos elección popular cifraron sus espectativas de triunfo en la popularidad del ahora presidente de.la República, es que ahora quienes se dicen morenistas creen que con el capital político del tabasqueño es suficiente para ganar los procesos y la realidad es opuesta a sus esperanzas de mantener la hegemonía política.
Primeramente tenemos que decir que ni siquiera quienes se dicen o se sienten militantes de esa partido, realmente lo son, porque el partido sigue como un proyecto que no ha cristalizado ya que sólo existe una cúpula sin los más elementales cimientos, pues no cuenta con comités estatales, mucho menos con comités municipales, por tanto carece de los militantes que son la base para hacer trabajo político a ras de piso.
A decenas de mis contactos en Facebook molestó un comentario en el sentido de que las derrotas de Morena en Coahuila e Hidalgo son un aviso para quienes se sentían “sobrados”. De inmediato alzaron la voz, unos para minimizar los descalabros, otros para defender López Obrador, algunos para exaltar las presuntas bondades del gobierno federal actual, indicativo de que no tienen siquiera idea de lo que es un partido político, menos de lo que es una estrategia y plan de trabajo, por tanto son dignos de toda conmiceración y comprensión, pues les hace falta por aprender de esas lides.
Ya se ha dicho que el hartazgo acumulado durante años fue el ingrediente que llevó al PRI a la derrota electoral en 2018. El tricolor no aprendió la lección del 2000, cuando el PAN, con Vicente Fox Quesada, se alzó con el triunfo, mismo que repitió en 2006 con Felipe Calderón como candidato.
En la actualidad, el gobierno federal emcabezado por Andrés Manuel López Obrador está representado por Morena, sin embargo se trata de un partido carente de bases y de estructura, porque, ya lo dijimos, ser simpatizante de AMLO no es ser morenista, pues visto esta que a los que apoyan al presidente les interesa menos que un cacahuate el partido y sus candidatos. Tal vez los simpatizantes del tabasqueño estén prestos para votar en cualquier boleta en la que aparezca el propio AMLO, pero no les importa concurrir a las urnas para votar por otros candidatos que no sean el de Macuspana.
Marti Batres Guadarrama fue enfático y oportuno cuando apenas el pasado martes escribió: “Los resultados en Coahuila e Hidalgo obligan a Morena a recuperar su estrategia original:
-Trabajo de base, a ras del suelo, casa por casa.
-Candidaturas de personalidades conocidas y reconocidas; prestigiadas y queridas por la gente.
-Alianzas”.
Es precisamente la óptica de quien está convencido de que en política no hay simpatías eternas y de que el hartazgo llega por sí sólo. Bastan los errores del gobernante y AMLO los ha cometido, pese a la visión corta de quienes sólo ven aciertos en su gestión. La verdad es que ha tenido aciertos, pero también ha cometido errores.
Morena no ha construido en Michoacán un partido, así que no ha sabido capitalizar las simpatías hacia AMLO para integrar una base de militantes de la cual se desprenda una estructura de trabajo político con derecho a participar en la búsqueda de candidaturas, pero también con obligaciones de aportar trabajo, operación y pago de cuotas para sostener al mismo partido.
Luego entonces, si Morena no cuenta con un Comité Estatal, tampoco tiene comités municipales y los simpatizantes de AMLO están al garete, sin unas siglas que los cobijen, mientras que Morena no tiene una base sólida que alimente sus espectativas frente a los retos electorales que se avecinan.
Los aspirantes a los cargos de elección popular están colgados de quienes eventualmente pudieran ser el candidato a gobernador ya que no tienen un partido al cual acogerse Cada cual deambula con su grupo en reuniones a las cuales no tienen acceso los posibles contrincantes y todo debe a que no cuentan con una casa en común a la cual puedan acudir para tratar los temas políticos, las negociaciones y los acuerdo en común.
Y tras los resultados electorales en Coahuila e Hidalgo, todo cuanto en estos momentos se dice de manera futurista en beneficio o en defensa de Morena, son solo buenos deseos.
Hasta la próxima.