Política en Línea

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* Morena, la 4E del PRI

Al observar el fallido cambio de políticas en el país bajo un gobierno surgido del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), crece el convencimiento de que México no vive la Cuarta Transformación (4T), sino la Cuarta Evolución (4E) del Partido Revolucionario Institucional (PRI).
La diferencia es que a los morenistas les ha llevado unos seis años, de los cuales son han sido en el gobierno, consumirse a su partido, mientras que el PRI duró siete décadas para agotar su poderío hasta quedar reducido a nada, prácticamente.
Al PRI le llevó 70 años consolidar gobiernos que enriquecieron a los gobernantes y hundieron a los mexicanos en la miseria, a costa de ejercer los presupuestos discrecionalmente en favor de empresas de los propios funcionarios en manos de prestanombres, hayan sido constructoras, prestadoras de servicios o de cualquier otro tipo, con las cuales se permitían engrosar sus cuentas bancarias sin escrúpulo alguno.
Una ruptura del propio PRI en 1986 por insatisfacción de intereses políticos ligados con un apellido histórico – Cárdenas-, provocaron el rompimiento de una fracción del partido, para integrarse como el Frente Democrático Nacional (FDN), encabezado por Cuauhtémoc, hijo de El Tata. De allí surgió el Partido de la Revolución Democrática (PRD), tres años después, una vez consumada la elección de 1988, famosa por aquella «caída del sistema» notificada la misma noche de la jornada electoral por Manuel Barttlet Díaz, entonces Secretario de Gobernación y ahora Director de la Comisión Federal de Electricidad, cuando todo indicaba que los resultados se inclinaban peligrosamente contra el priísmo, en favor del propio Cuauhtémoc Cárdenas y en contra de Carlos Salinas de Gortari.
Surgió una movilización nacional de proporciones mayúsculas, que amenazaba con no dejar llegar al poder a Salinas de Gortari, pero al final Cuauhtémoc Cárdenas se «arrugó» bajo el pretexto de que no quería originar un derramamiento de sangre en el país y finalmente se «abrió» para que el de Agualeguas Nuevo León, gobernara de 1988 a 1994, sexenio en el que pasó de todo: debilitamiento y venta de paraestatales, magnicidios como el de Luis Donaldo Colosio, entre otras cosas relevantes.
Durante 70 años, el PRI se intoxicó con su propia respiración, al inhalar el dióxido de carbono o anhídrido carbónico que, a su vez, exhalaba, y tuvo que recurrir a una oxigenación de 12 años, tiempo en que entregó el poder al Partido Acción Nacional (PAN), en lo que fue una evidente negociación que dejaba al margen al PRD, considerado en ese momento como un partido de izquierda integrado por priístas que renegaron de su partido. El PRI se identificaba más con un partido de derecha, que con uno de izquierda, por muy su hijo que fuera.
Un priísmo de 70 años, más un panismo de 12 años, sumó 82 años en los que el manual de la política mexicana, siempre ventajosa sólo para los políticos, evolucionó notablemente. A la par con los últimos sexenios gobernados a nivel federal por PRI-PAN, el PRD, integrado en su mayoría por ex priístas, era sometido al desgate propio del ejercicio político en varios estados del país e incluso la jefatura de gobierno del entonces Distrito Federal, al grado de que este partido no necesitó 70 años para claudicar: 25 fueron suficientes para casi desaparecer luego de las promisorias expectativas que se fincó a finales de los años 80’s.
El actual presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, creó en 2014 lo que ahora conocemos como Morena y lo aventó al ruedo sin mucho éxito en las elecciones de carácter estatal de 2015. Fue en 2018 cuando Morena no sólo ganó la presidencia de la República en favor de su creador, el propio AMLO, sino que aplastó prácticamente a los partidos adversarios fuertes, como son el PRI y el PAN.
Nutrido hasta la médula con ex panistas, pero, más que nada, con ex perredistas, por tanto, con ex priístas en cualquier sentido que se le quiera ver, Morena con dos años en el poder agota a pasos acelerados su vigencia en el ánimo del electorado que vio en su creador, en su momento, como la salvación de México.
Salvo los desvelados por la trasnochada que tuvieron con los festejos del triunfo de AMLO en 2018, no hay quien perciba el crecimiento económico del país, la elevación del número de las fuentes de empleo, el mejoramiento de el sistema de salud, el abatimiento de los índices delictivos, la transformación en materia de obra pública, o siquiera un buen manejo y combate a la pandemia provocada por el Coronavirus.
Lo más que hemos visto ante los problemas del país, es todo un catálogo de pretextos para inculpar a los gobiernos anteriores por «corruptos e ineficientes», pero no hemos constatado eficiencia del actual gobierno con la aplicación de ideas, planes y programas para sacarnos de la sima (parte más baja de un pozo) en que nos dejaron los mandatos del pasado, no obstante que el actual gobierno prometió sacarnos a la cima (parte más alta de un cerro).
Conclusión: los del PRI tardaron 70 años en beberse el vaso; los del PAN 12; los del PRD 25, y Morena sólo 5 años se ha consumido de manera alarmante.
Y, vaya, situación: los que sepultaron al PRI, son los mismos que sepultaron al PRD, y ahora son los que cavan la tumba de Morena, convertida en la Cuarta Evolución (del PRI).
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El gobierno de Andrés Manuel López Obrador se ha convertido en un consumidor de dinero, cuando lo que el país necesita es un gobierno inversor.
Falla grotesca es gastar el dinero que aportan los contribuyentes en mantener a grupos sociales como son los becarios enrolados en un programa de presunta capacitación que sólo ha servido para la confabulación de empresarios y beneficiarios para repartirse por mitades el dinero que esquilman al gobierno, sin siquiera entregar el adiestramiento comprometido.
Incluso los gobiernos municipales del país resultaron beneficiados al permitirles incluir en el programa a cientos de «ninis» que fueron enviados a chaponear la maleza en los caminos, o a barrer espacios públicos, cual si el aprendizaje del uso del machete y de la escoba requiriera de un año de adiestramiento.
Esos recursos, al igual que los utilizados para distribuir entre estudiantes que no estudian, se han convertido en un barril sin fondo con el cual se pretende mantener los niveles de popularidad de AMLO, pero que en nada benefician al país.
De incalculable mayor relevancia sería invertir en fuentes de empleo para generar plazas generosamente remuneradas y cuyos rendimientos se incluyeran en padrón de contribuyentes para incrementar la captación de impuestos, que mantener improductivos a cientos de miles de personas que se convierten en una carga para los mexicanos… sí, para esos miles de mexicanos que sí aportan al Sistema de Administración Tributaria (SAT) y que son considerados como «apátridas» por no coincidir con las políticas lopezobradoristas, de acuerdo con la forma de pensar de quienes nada aporta al país, pero sí gozan de todos los beneficios.
Hasta la próxima…