Política en Línea

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* Los candidatos evaden los verdaderos retos

 

Ayer caminaba yo por el centro de la ciudad, precisamente por los portales invadidos de comerciantes que, bajo el trillado argumento -que más bien es chantaje- de que «necesitan trabajar para mantener a sus familias» hacen prácticamente imposible la circulación peatonal por esos espacios.

Fatal es la situación en el portal de la calle Esteban Baca Calderón, en donde tanto comerciantes establecidos le «comen» metros a la acera, como los informales instalan sus puestos para finalmente dejar un escaso metro como espacio para el transitar de la gente, esa gente que finalmente es el cliente potencial de los oferentes.

Esos comerciantes, la inmensa mayoría familias que arribaron de otras regiones del país, en realidad sólo le tienen amor a la economía de Apatzingán que, si que precaria, los ha enriquecido.

A Apatzingán mismo, no le tienen el menor afecto porque nada en lo absoluto le han traído de beneficio.

Lo de estas personas provenientes del estado de Puebla, tienen en su mente el «ganar-ganar», tanto así que bajo esa careta de humildad y extrema austeridad para ejercer el gasto aún en favor de sus propias personas, se han enriquecido y adquirido céntricas propiedades. Sin embargo por Apatzingán no han hecho otra cosas que no sea asfixiarlo en sus vías de circulación.

Claro que no son los únicos responsables, sino también los políticos que dicen querer mucho a Apatzingán, pero que tampoco lo demuestran, pues con suma facilidad de convierten en cómplices de quienes obstruyen el centro de la ciudad, a cambio de los escasos votos que los comerciantes invasores representan. No puede ser de otra manera porque de una cosa estoy seguro: los invasores de los portales jamás le meterían un sólo de su bolsa a la campaña de nadie, sino que a cambio de su voto todavía obtienen prerrogativas extraordinarias, como son plazas de trabajo en el congestionado Ayuntamiento, sí, ese Ayuntamiento al cual le cuesta el 75 por ciento del presupuesto, ejercer el 25 por ciento, en lo que significa el colmo de las incongruencias.

Hasta el momento no he escuchado a un sólo candidato de esos que tan preocupados están por generar el cambio en Apatzingán, que hable con discurso convincente en el sentido de que le va a poner orden a este tema. Al de la invasión de los portales.

Peor aún es la burla cuando el pueblo se da cuenta que la nave comercial construida en el trienio 1999-2001 por el entonces presidente Jorge Luis Castañeda Castillo, la cual se ubica en la avenida 16 de Septiembre, está en poder en casi todos sus locales, de los comerciantes invasores del centro de la ciudad.

Dichos locales están cerrados todos y ofrecidos en renta por los adjudicatarios, e incluso los derechos están a la venta, lo que significa un negocio redondo, ya que no les costó un peso, pero sí pretenden utilidadades.

Y vaya que dicha nave comercial fue construida en su momento para liberar el espacio en el primer cuadro de la ciudad. Los comerciantes invasores dijeron ”sí a la reubicación» pero en cuanto tuvieron los puestos comerciales en su poder, le pintaron un «violín» en el rostro a la autoridad.

Durante 20 años ningun alcalde ni candidato alguno a retomado el tema de la reubicación del comercio ambulante y asfixiante. La razón es simple: tocar la posibilidad de una reubicación tendría un costo político que nadie en busca del poder está dispuesto a asumir, por mucho que digan «amar a Apatzingán».

La mayoría de aspirantes a cargo de elección popular está dispuesta a construir el puente y luego el río, antes que asumir retos de veras beneficiosos para los apatzinguenses. Y, ante está observación no escapa nadie.

Que importante sería que todos los candidatos se sentaran a dialogar para establecer una agenda de gobierno común y renunciarán al mío capital de votos del sector al que me refiero, para que aquel que llegue al gobierno no tenga compromiso alguno con esa.partendel.comercio y pueda ejercer el orden.

Pero, señores, esos son pretensiones. Muchos aspirantes creo que ni siquiera lo entienden.

Hasta la próxima.