Política en Línea

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Por Jesús Bedolla Nava

La suspensión de funciones sacerdotales decretada por el Obispo de la Diócesis de Apatzingán, Cristóbal Ascendió García, en contra del presbítero Gregorio López Gerónimo, mejor conocido como “El Padre Goyo”, podría destapar una cloaca entre los integrantes de la pastoría católica regional.
Son once los oficiantes de edad madura e incluso avanzada y algunos con ciertas discapacidades, los que han sido prácticamente “corridos” precisamente desde un espacio por siglos dedicado a predicar en favor del amor, la comprensión y el perdón hacia el prójimo, a cambio de construir una estructura con los más jóvenes sacerdotes de la región.
Nada bien le ha ido a la Iglesia Católica en el mundo, recurrentemente acusada de abusos diversos, pero los relacionados con el heterosexualismo, el homosexualismo y la pederastia, son los más comunes y lo que ahora ocurre en Apatzingán pudiera ser un claro ejemplo del acontecer en todos los rincones de la tierra influenciados desde El Vaticano, sólo que, en este caso, reducido a una Diócesis, célula básica de la comunidad católica universal.
Antes era tabú tocar estos temas. El temor a la estigmatización y a la excomunión por parte de instancias del poder eclesiástico, eran un freno para cualquiera. Ahora está tan devaluada la iglesia, que pocos le temen.
Información antes rigurosamente secreta de cuanto ocurría en la especie de cónclaves entre jerarquías y ministros católicos, ahora se filtra con facilidad y sin miedo. De allí que buenas fuentes han comenzado a difundir las preguntas verdaderas causas de la suspensión de once sacerdotes de la Diócesis de Apatzingán, todos ellos de avanzada edad, algunos de ellos incapacitados físicamente, de tal manera que carecen de brío, aunque son experimentados guías e íconos espirituales.
Sobre la jerarquía católica en la Diócesis de Apatzingán, encabezada por el Obispo Cristóbal Ascendió García, pesa ya la suspicacia laica en lo que se refiere a los motivos que pudieran estar detrás de la decisión de deshechar a los viejos sacerdotes y conservar una estructura Diocesana con los más jóvenes, no obstante que el jerarca ya no lo es.
Cisma mayor se vendrá en contra de la iglesia católica no sólo en la Diócesis de Apatzingán, sino en todo el territorio nacional e incluso a nivel mundial, si los sacerdotes suspendidos en sus funciones -ellos se dicen despedidos- recurren a la autoridad laboral, porque desde la Reforma Constitucional de 1992 a los artículos 3, 5, 24, 27 y 130, los cuales en algunos de sus apartados versan de la relación Estado-Iglesia, los templos y otros espacios destinados al culto religioso quedaron considerados prácticamente como empresas, de allí que como asociaciones religiosas están registrados ante el Sistema de Administración Tributaria (SAT) y sus ministros pagan impuestos, luego entonces son empleados y como tales devengan un sueldo, por tanto tienen obligaciones, pero también derechos como cualquier empleado.
Se ha filtrado desde los entretelones de la iglesia que los sacerdotes devengan seis mil pesos mensuales por su trabajo de oficiar, sueldo bajo comparado con el costo de la vida, pero con la ventaja de que administran templos y eso les representa una ventaja extraordinaria en cuanto a ganarse la vida.
Pero desde esas mismas filtraciones trasciende que los sacerdotes firman una especie de nómina por cuatro mil quinientos pesos mensuales; de ser cierto lo anterior, querría decir que los hombres de Dios no aplicarían la enseñanza de Jesús: “Dad al César lo que es del César”, por tanto, evadirían impuestos, asunto que también sería escandaloso.
Flota en el ambiente una especie: los sacerdotes presuntamente despedidos, podrían presentar demanda laboral ante los tribunales del ramo, la cual, de proceder, plasmaría un un conflicto pagano sin precedentes alguno, por lo menos no en México.
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El caudal de la política es de aguas negras. Siempre ha sido así y quien ahora pretenda sorprenderse seguramente es un novato, o de plano finge demencia.
Morena está condenado a morir más pronto que tarde, pues no existen en los municipios -célula básica del territorio mexicano- estructuras que le auguren larga vida.
El partido de López Obrador no tiene militancia y no es lo mismo ser lopezobradorista, que ser morenista, y los simpatizantes del presidente son una amalgama de gente de todos los partidos y aún sin partido, pero eso no quiere decir que pertenecen a Morena.
Mientras que la mas alta esfera del partido está repleta de sujetos que ya pasaron por todas las demás organizaciones políticas, y también se las acabaron, abajo, es decir a ras de piso, no hay bases militantes.
Morena está predestinado a desaparecer con el propio ocaso de Andrés Manuel López Obrador -cronológico o político-, ya que a nadie le ha importando estructurar un verdadero partido para una larga vida. Todos al interior están hipnotizados con la posibilidad de ser candidatos a cualquier cargo de eleccción popular bajo la creencia de que el halo protector del presidente de la República todavía tiene restos para hacer ganar o reelegirse a una o mas generaciones de aspirantes.
En Michoacán los impulsores de Cristóbal Arias Solís, ahora están sorprendidos por la basofia política que, según ellos, detectan proveniente de Leonel Godoy Rangel, el ex gobernador de magros resultados para los ciudadanos, sin embargo son sólo prácticas que el feudo Cristóbalistá conoce bien y hasta las domina.
En los años 90’s, cuando ocurrieron las dos candidaturas al gobierno del estado del churumuquense, a Roberto Robles Garnica y el propio Leonel Godoy Rangel les tocó bailar grotescamente y quedar bocabajeados por el cachorro en las elecciones internas del PRD para sacar candidato.
Contra uno y otro, sendas veces dio cuenta Arias Solís de los rivales y se convirtió en aspirante al gobierno michoacano.
Este año se cumplen 28 de la primera candidatura de Cristóbal y pronto también recordaremos un aniversario más de que perdió la elección ante Eduardo Villaseñor Peña, a quien derrumbó del poder apenas en 21 días para prácticamente entregar el estado a Ausencio Chávez Hernández, en lo que parece fue una acción orquestada Arias-Chavez para que el de La Piedad ni siquiera se adentrara en el gobierno, pues duró 21 días en el cargo ya que un día sí y otro también Cristóbal bajaba de su casa en exclusiva zona residencial de Morelia para dar cuerda a perredistas en plantón permanente frente a palacio de gobierno, hasta que Carlos Salinas de Gortari decidió llevarse a Villaseñor y dejar el camino abierto en favor de Ausencio, pues de inmediato el Congreso del Estado lo nombró gobernador interino.
Esas también fueron acciones políticas desleznables, tanto como las que ahora acusan los cristobalistas, quienes han olvidado el trillado enunciado: “En México la política es el arte de tragar sapos y no hacer gestos”.
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Y ya que de Arias Solís nos ocupamos, el diputado federal Francisco Huacús Esquivel ha dicho en calidad de Coordinador del Partido del Trabajo en Michoacán que ese instituto político no irá en sociedad con Morena si este último partido convierte al chrumuquense en su candidato.
La afirmación del legislador apatzinguense provocó críticas en su contra, sin embargo hemos de decir que detrás de ese pronunciamiento hay una lógica irrebatible, ya que Cristóbal Arias Solís, además de que no está afiliado a Morena, tampoco es precisamente el “gallo” de Andrés Manuel López Obrador, sino de Ricardo Monrreal Ávila, quien se ha dedicado a ser desde el Senado de la República contrapeso del presidente.
Por esa razón Cristóbal Arias se mantiene acelerado en busca de ganar terreno rumbo a la candidatura de Morena al gobierno del estado, cual si quisiera que el “gran elector” decidiera en su favor llegado el momento.
Sin embargo Huacús explica que el PT no iría con Cristóbal porque se trata de una figura que practica las viejas políticas del siglo pasado, con autoritarismo y egocentrismo ilimitados, por tanto carece de proyecto viable para Michoacán.
Sin embargo nos resistimos a creer que, en consecuencia, Raúl Morón Orozco pudiera ser el candidato de López Obrador para el gobierno de Michoacán, pues en eso de ser oportunistas Cristóbal y Raúl tienen un enorme parecido.
Luego entonces el abanico se reduce y nos quedan Víctor Báez Ceja y Carlos Torres Piña, así como y Graciela Andrade Garcia-Peláez; Lucila Arteaga Garibay y Selene Vázquez Alatorre.
Nótese como en todos los mencionados no hay un solo morenista de cepa, todos ex priístas y ex perredistas.
Hasta la próxima.