Trasladan a “El anunciador de Negro” a su última morada.

Trasladan a "El anunciador de Negro" a su última morada.

APATZINGÁN, MICH.- Unas mil quinientas personas acompañaron esta mañana a Misa de Cuerpo Presente y posteriormente hasta su última morada al popular locutor Rubén Darío Aguilar Floriano, quien falleciera en el medio día del martes, luego de un largo padecimiento.

Entre los asistentes a las exequias de quien fuera uno de los comunicadores radiofónicos y en una segunda etapa de su vida, por televisión, estuvo el presidente César Chávez Garibay y su esposa Arcelia Lizbeth Guízar de Chávez, entre compañeros locutores y periodistas de la localidad.

Nacido en Sahuayo, Aguilar Floriano arribó a este municipio a principios de los años ochentas para desempeñarse en diversos trabajos y siempre se distinguió por ser una persona extrovertida y afable, incluso cuando laboró como dependiente en una tienda de abarrotes ubicada en avenida José María Morelos esquina con José María Coss, último trabajo que tuvo antes de incursionar en la locución a través de la más antigua de las emisoras, la XECJ.

Fue el también ya fallecido locutor Gabriel Mandujano quien le enseñó a dar los primeros pasos en la locución, sin embargo Rubén Darío Aguilar Floriano pronto comenzó a caminar solo, para lo cual adoptó el pseudónimo de “El Anunciador de Negro” e hizo popular cuan prolongado hasta por 30 segundos su grito de batalla ¡Otro Mundo!

Aguilar Floriano, quien contaba con 49 años, enfermó hace aproximadamente un año y medio. El cáncer que le aquejaba en la región gástrica le fue controlado durante un tiempo e incluso se reintegró a su trabajo como locutor y entrevistador de televisión a través de Canal 5.

“Tengo que trabajar… no puedo quedarme a lamentar el trance por el que estoy pasando”, dijo una vez a quien esto escribe.

El medio día martes falleció y hoy fue llevado a la Catedral de la Asunción a recibir una Misa de Cuerpo Presente oficiada por el Señor Obispo Cristóbal Ascencio García, a la cual asistieron unas mil quinientas personas, la gran mayoría gente del pueblo, quienes durante años le prodigaron su amistad a través de la radio y las líneas telefónicas.